Nunca se quejan a pesar de andar siempre tirados por los suelos; desnudos o
enfundados en zapatos, zapatillas, deportivas, sandalias o botas.
Continuamente golpeando asfalto, cemento, tierra, piedras, arena, polvo,
agua o lo que se tercie.
Están allí, alejados de nuestra vista y de nuestra central de mando, el cerebro.
Obedientes, sacrificados, sumisos, callados; y cuando cantan se lo repudiamos.
Nos llevan, nos traen y nos soportan, por todo ello nuestros pies merecen
un reconocimiento positivo.
El pie es una medida de longitud. Un pie equivale a 30,48 centímetros. El
hombre tiene dos pies y mide entre cinco y siete.
Buscando información para escribir este post he quedado sorprendido de la
gran cantidad de dichos y refranes que existen sobre los pies. He dejado mucho
material en el teclado (antes se decía en el tintero) y aquí te adjunto una
lista para que, espero, te lo pases bien leyéndola.
Poner los pies en polvorosa.
Tener un pie dentro.
Entrar con mal pie.
Un ratito a pie y otro andando.
A embestida de hombre fiero, pies para qué os quiero.
Andar con pies de plomo.
Tener los pies de barro.
Antes de decir de otro, cojo es, mírate tú los pies.
Busca cinco pies al gato y sólo tiene cuatro.
Buscar los tres pies al gato.
Cabeza para naciente y pies para poniente.
Salir con los pies por delante.
Cuatro pies en la cama y no está padre.
De pies a cabeza.
El que buen salto da, a sus pies se atiene.
El que no tiene cabeza tiene que tener pies.
Es peor un tropezón de la lengua que de los pies.
Es tan bajito que cuando se sienta en el suelo le cuelgan los pies.
La caña engaña, el diente miente, pero arrastrar los pies eso sí que es
vejez.
La prisa se tropieza con sus propios pies.
Los ojos se abalanzan, lo pies se cansan, las manos no alcanzan.
Quien tiene pies, de cuando en cuando da traspiés.
El vino desde que lo pisaron, por huir de los pies se sube a la cabeza.
Avanza…con los pies en el suelo y la mirada en el infinito.
Cuando te vi caí rendida a tus pies, pero no fue admiración lo que sentí,
sino que me resbalé.
Despierta y encontrarás a tus pies una multitud dormida.
No existe en el mundo ningún otro ser, que tenga belleza de pies a cabeza
como la mujer.
Trata de alcanzar el cielo con los pies en el suelo.
No pidas a Dios que guíe tus pasos sino estás dispuesto a mover los pies.
Al pie de la letra.
A pie juntillas.
Caer de pie.
Cojear del mismo pie.
Con el pie derecho.
Con el pie izquierdo.
Y ahora, si tienes oportunidad, no cierres los ojos, mira a tus pies
durante unos treinta segundos y agradéceles todo lo que hacen para que vayas
andando por la vida, recordando que eres tú y no ellos, quien elige el camino
por donde transitar; nunca les hagas responsables de tus problemas diciendo, que
a veces, te llevan por el mal camino.
Gracias. Salud y Paz
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